Lunes, 24 de agosto de 2026

Argentina · El Ensayo

Alberdi contra los libertarios

Alberdi escribió un texto entero para protestar por el uso que se le estaba dando a su frase más famosa. Casi siglo y medio después, el problema es el mismo.

Libros de derecho argentino. Alberdi contra los libertarios.
Juan Bautista Alberdi, daguerrotipo. Dominio público, Wikimedia Commons. Trato a tinta: Politarca. Argentina · Biblioteca · 9 min

La máxima que hoy adorna discursos, cuentas de redes sociales y leyes ómnibus en media América Latina no dice lo que se cree que dice. Ni siquiera está escrita como se la cita.

En Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, publicado en 1852, la frase aparece exactamente dos veces, ambas en el capítulo XXXI, y ambas con un calificador que la cita popular amputa. El título del capítulo es "En América gobernar es poblar". El cuerpo del texto dice:

"Es pues esencialmente económico el fin de la política constitucional y del gobierno en América. Así, en América gobernar es poblar. Definir de otro modo el gobierno, es desconocer su misión sudamericana."

Años más tarde, ya al final de su vida, Alberdi volvió sobre el asunto. Escribió unas Páginas explicativas cuyo propósito declarado era corregir a quienes lo citaban. El párrafo con el que abre esa sección es, para cualquiera que siga la política argentina contemporánea, casi cómico:

"Como se pone bajo mi nombre, a cada paso, la máxima de mi libro BASES, de que en América gobernar es poblar, estoy obligado a explicarla, para no tener que responder de acepciones y aplicaciones, que lejos de emanar de esa máxima se oponen al sentido que ella encierra y lo comprometen."

Un hombre ya al final de su vida, obligado a publicar una aclaración porque su país estaba usando su frase para decir lo contrario de lo que él había querido decir. Es un precedente exacto, y merece atención por lo que revela del original —no por la ironía.

I. Lo que Alberdi decía que significaba

La aclaración de 1879 no es ambigua:

"Gobernar es poblar en el sentido que poblar es educar, mejorar, civilizar, enriquecer y engrandecer espontánea y rápidamente, como ha sucedido en los Estados Unidos."
"¿Por qué razón he dicho que en Sud América, gobernar es poblar, y en qué sentido es esto una verdad incuestionable? —Porque poblar, repito, es instruir, educar, moralizar, mejorar la raza; es enriquecer, civilizar, fortalecer y afirmar la libertad del país."
"Gobernar es poblar muy bien; pero poblar es una ciencia, y esta ciencia no es otra cosa que la economía política, que considera la población como instrumento de riqueza y elemento de prosperidad."

Instruir, educar, moralizar. La frase que hoy se invoca como programa de Estado mínimo era, en la definición de su autor, un programa de intervención estatal deliberada sobre la composición y la educación de la población.

II. Lo que proponía hacer con la plata

Aquí es donde el asunto deja de ser filológico.

En el capítulo XV de Bases, discutiendo cómo financiar los ferrocarriles que consideraba indispensables para unificar el país, Alberdi escribe una instrucción que no admite lectura ambigua:

"Para tener ferrocarriles, abundan medios en estos países. Negociad empréstitos en el extranjero, empeñad vuestras rentas y bienes nacionales para empresas que los harán prosperar y multiplicarse. Sería pueril esperar a que las rentas ordinarias alcancen para gastos semejantes; invertid ese orden, empezad por los gastos, y tendréis rentas."

Empezad por los gastos. El padre intelectual de la Constitución argentina proponía endeudamiento externo deliberado, con garantía de rentas y bienes nacionales, para financiar infraestructura antes de tener con qué pagarla.

En el Sistema económico y rentístico, de 1854, la posición sobre el gasto en administración es igual de nítida:

"Indudablemente no puede haber gobierno gratis, ni debe haberle por ser el más caro de los gobiernos. Donde se sabe lo que es gobierno, por ejemplo, en Estados Unidos, ni los empleos concejiles o municipales son gratuitos. El sueldo es la mejor garantía contra el peculado."

Y remata, sobre la administración tributaria: "Los sueldos crecidos pagados a la aptitud son un medio de disminuir el gasto público en empleados de hacienda."

Sobre educación, el mismo libro enumera lo que el Estado debe costear: la enseñanza secundaria y superior "dada gratuitamente en nombre de la Nación", la dotación de colegios, bibliotecas y museos, las escuelas de artes y oficios, la venida de sabios extranjeros y los premios a las obras de utilidad. Alberdi cita aprobatoriamente el artículo constitucional que obliga a cada provincia a asegurar la educación primaria gratuita.

Sobre inmigración, en el capítulo de gastos de Relaciones Exteriores, propone "instituir y sostener agentes de inmigración y colonización" y llama a esos trabajos de propaganda "el gasto más lucrativo y fecundo" que la Confederación pueda hacer en su política exterior.

Y hay una frase que descoloca por completo cualquier lectura libertaria:

"La contribución es más capaz de dañar por la desproporción y desigualdad que por la exorbitancia: tan verdadero es esto, que muchos han visto en las contribuciones elevadas un estímulo a la producción más que un ataque."

III. El otro Alberdi, que también existe

Sería deshonesto convertirlo en socialdemócrata, y esa deshonestidad sería simétrica a la que se le practica desde el otro lado.

El mismo Sistema económico y rentístico dice, sobre las obras públicas, que la Constitución "anduvo muy acertada" al hacerlas depender "más bien de las facilidades estimulantes ofrecidas al espíritu particular de empresa, que de los recursos de un Erario naciente", y sintetiza la política de obra pública en una frase de tres palabras: "Consiste lisa y llanamente en gastar poco." En Bases pide para las empresas privadas de ferrocarriles "todo el favor imaginable, sin deteneros en medios".

Alberdi quería un Estado austero en burocracia, que no fuera empresario, que concesionara antes que construir. Y simultáneamente quería que ese Estado se endeudara para tender vías, pagara sueldos altos a sus funcionarios de hacienda, financiara la universidad gratuita y sostuviera agencias de inmigración en Europa.

Esa combinación no cabe en ninguna de las dos casillas del debate actual. Es, si se quiere, un liberalismo de construcción de Estado: barato en su funcionamiento, ambicioso en su inversión, y explícito en que ciertas cosas —poblar, educar, conectar— no las hace el mercado solo.

IV. Las páginas que nadie cita

Hay una parte de Alberdi que los libertarios no citan y los progresistas tampoco, cada uno por su motivo, y que aparece en el mismo texto donde corrige el uso de su frase:

"Poblar es civilizar cuando se puebla con gente civilizada, es decir, con pobladores de la Europa civilizada. Por eso he dicho en la Constitución que el gobierno debe fomentar la inmigración europea. Pero poblar no es civilizar, sino embrutecer, cuando se puebla con chinos y con indios de Asia y con negros de África."

En Bases, capítulo XIV: "Nosotros, los que nos llamamos americanos, no somos otra cosa que europeos nacidos en América. Cráneo, sangre, color, todo es de fuera." Y: "¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Araucania, y no mil veces con un zapatero inglés?" Y: "Nosotros, europeos de raza y de civilización, somos los dueños de América."

Del capítulo XV, sobre la llegada del vapor al Chaco: "El salvaje del Chaco, apoyado en el arco de su flecha, contemplará con tristeza el curso de la formidable máquina que le intima el abandono de aquellas márgenes. Resto infeliz de la criatura primitiva: decid adiós al dominio de vuestros pasados."

No hay manera de citar a Alberdi como autoridad sobre política migratoria sin toparse con esto. Su idea de "poblar" era explícitamente jerárquica y racial, y él mismo la ratificó por escrito al final de su vida.

Justicia con el personaje: en el mismo texto escribió también que "el extranjero no debe ser excluido, por malo que sea", porque "si se admite el derecho de excluir al malo, viene enseguida la exclusión del bueno". Y que "Londres y París encierran más barbarie que la Patagonia y el Chaco, si se las contempla en las capas o regiones subterráneas de su población". El hombre era contradictorio, y esa contradicción es más interesante que cualquiera de sus dos caricaturas.

V. Por qué esto importa ahora

En Argentina, la ley ómnibus del actual gobierno se llamó formalmente Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos: un calco del título de 1852. En marzo de 2026, en el Foro Económico del NOA en Tucumán, el presidente Milei lo describió como "uno de nuestros grandes próceres de la libertad" y "el ideólogo de nuestra Constitución". La Casa Rosada publicó en agosto de 2025 una efeméride oficial titulándolo "prócer liberal", con una cita de Bases: "La patria es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización organizados en el suelo nativo".

La cita es exacta. La efeméride reproduce la primera mitad del párrafo. La segunda dice:

"Pues bien; esto se nos ha traído por Europa: es decir, Europa nos ha traído la noción del orden, la ciencia de la libertad, el arte de la riqueza, los principios de la civilización cristiana. Europa, pues, nos ha traído la patria."

El historiador Natalio Botana lo formuló con precisión en una entrevista de 2024: la lectura oficial "no le presta atención al Alberdi propulsor de la educación pública financiada por los recursos fiscales, sino al Alberdi que habla de 'la omnipotencia del Estado'". Y añadió una observación que vale para toda la región: "siempre en política hay manipulación del pasado". Patricia Kolesnicov publicó en 2026 un libro entero sobre el asunto, con un título que apunta al lugar exacto donde la apropiación se rompe: Un presidente que sea como un rey. El Alberdi que Milei tiene en la cabeza. Porque el Alberdi que diseñó un Ejecutivo deliberadamente fuerte incomoda a la lectura libertaria tanto como los pasajes raciales incomodan a la progresista.

VI. La lección, que no es sobre Alberdi

Nada de esto es un argumento contra el actual gobierno argentino, ni contra el liberalismo. Es un argumento contra el uso de los muertos como aval.

Alberdi es un pensador de primer orden que escribió para un país de un millón de habitantes sin ferrocarriles, sin puertos y sin Estado, y que diseñó un programa para construir los tres. Ese programa incluía deuda externa para infraestructura, universidad gratuita, agencias estatales de inmigración, sueldos altos para funcionarios competentes y una advertencia explícita de que el gobierno barato es el más caro de todos.

Quien quiera hoy un Estado mínimo tiene derecho a defenderlo, y hay buenos argumentos para hacerlo. Lo que no puede es firmarlo con la letra de Alberdi.

Él ya escribió una vez, en vida, un texto entero para pedir que dejaran de hacerle eso.

Politarca es un medio liberal de centroderecha que reporta el poder en América Latina. Conflictos de interés: la dirección declara no tener relación comercial con las instituciones cubiertas en esta pieza.
Cita: Biblioteca Politarca (2026). “Alberdi contra los libertarios”. Politarca. Argentina.

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