En su informe de monitoreo de cultivos de coca de Colombia correspondiente a 2024, presentado en 2026, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito publicó la superficie sembrada: 261.000 hectáreas, un 3,5% más que en 2023 —el organismo publica la variación y la superficie redondeada, que no se derivan exactamente una de otra—.
Y no publicó la producción potencial de cocaína. El indicador fue retirado del informe. La explicación oficial es que la metodología de estimación está en "fortalecimiento técnico" y que volverá en informes futuros, con una hoja de ruta para reconstruirla.
Conviene entender qué significa eso. Colombia es el mayor productor de cocaína del mundo. Desde 2026, nadie sabe cuánta produce. Ni el gobierno colombiano, ni Naciones Unidas, ni las agencias antinarcóticos que diseñan su política sobre esa cifra.
No es un escándalo: es una decisión técnica defendible, tomada porque el rendimiento por hectárea cambió tanto con las nuevas variedades y prácticas que la metodología anterior dejó de ser confiable. Pero su consecuencia práctica es que el debate global sobre política de drogas se está librando sin el número central.
I. Lo que sí se puede medir
Los tres países andinos productores, con sus años de referencia —que no coinciden, y por eso no se pueden sumar:
| País | Superficie | Año | Variación | Producción potencial |
|---|---|---|---|---|
| Colombia | 261.000 ha | 2024 | +3,5% | no publicada |
| Perú | 84.546 ha | 2025 | −5.209 ha, tercera caída consecutiva | 763 t de clorhidrato |
| Bolivia | 34.000 ha | 2024 | +10% | hoja seca: 72.887 t, ~US$618 M |
Colombia sube. Diez municipios concentran casi la mitad del cultivo. El Pacífico creció 14% y el Catatumbo 11%; Putumayo y Caquetá cayeron 14%. Y hay un dato que ordena la discusión sobre estrategia: la erradicación manual forzosa pasó de 20.325 hectáreas en 2023 a 9.403 en 2024, una caída del 54%.
Perú baja, y lleva tres años bajando: de 95.008 hectáreas en 2022 a 84.546 en 2025. Su producción potencial de clorhidrato pasó de 822 toneladas en 2023 a 763. El VRAEM concentra 36.196 hectáreas, el 42,8% del total nacional, y aparecen nuevos frentes amazónicos —Tahuamanu, Cotuhé, Yaguas, Tigre, Fitzcarrald— con más de 790 hectáreas.
Bolivia sube: 34.000 hectáreas, un 54,5% por encima del límite legal de 22.000. El 57% está en Los Yungas de La Paz y el 42% en el Trópico de Cochabamba, este último con un alza del 18%. El cultivo en áreas protegidas bajó de 583 a 515 hectáreas.
Un país sube sin medir producción, otro baja tres años seguidos, el tercero sube por encima de su propio límite legal. Y como los años de referencia difieren y falta el dato colombiano, no es posible construir hoy un total regional de producción potencial de cocaína. No lo estimamos.
II. El puerto es el negocio
Si la producción es difícil de medir, la salida no lo es.
Ecuador incautó 214,53 toneladas de droga en 2025, un 27,2% menos que las 294,61 toneladas del récord de 2024. Entre 210 y 295 toneladas en dos años lo sitúan como tercer país del mundo en volumen de incautación.
Las terminales de Guayaquil manejan el 85% de la carga nacional. De las 31,4 toneladas incautadas en puertos ecuatorianos en 2025, 27,4 fueron en la provincia del Guayas.
El método que documenta la agencia EFE es instructivo porque muestra que el control portuario, en el que se ha invertido más que en cualquier otra cosa, se está eludiendo por diseño: la cocaína se oculta en islotes del Golfo de Guayaquil y se traspasa a buques mercantes en alta mar o adherida al casco, después de que la carga pasó la inspección. Los Lobos, Los Lagartos, Los Tiguerones y Los Choneros se disputan el golfo y reclutan pobladores y pescadores.
La respuesta incluye un grupo policial especializado con veinte buzos para inspeccionar cascos, y un centro de inteligencia que la Unión Europea abrió en Guayaquil en enero de 2026 para monitoreo marítimo y portuario.
Que sea la Unión Europea la que abre ese centro dice cuál es el destino.
III. Los grupos que se volvieron multinacionales
El Instituto Igarapé publicó en julio de 2026 la estimación más rigurosa disponible: el Primeiro Comando da Capital tiene entre treinta mil y cuarenta mil integrantes; el Comando Vermelho, entre veinte mil y treinta mil. En su ranking de amenazas criminales de las Américas ocupan los dos primeros lugares, por delante del Cártel Jalisco Nueva Generación.
El estudio documenta presencia del PCC en varios países sudamericanos y conexiones operativas hacia Europa y África Occidental, con puertos estratégicos identificados en Bélgica, Países Bajos, Alemania, Francia y España.
Y documenta la diversificación: minería ilegal, extorsión, lavado, distribución de combustibles y operaciones portuarias. Es decir, una organización criminal brasileña con treinta mil personas que opera terminales, vende combustible, extrae oro y mueve dinero por sistemas financieros formales, con presencia en dos continentes.
Eso ya no se combate con política antidrogas. Se combate, si se combate, con supervisión financiera y aduanera.
IV. Y el mercado que se movió
Aquí está el dato que cambia el sentido de todo lo anterior, y viene de Estados Unidos.
Las muertes por sobredosis en Estados Unidos, medidas en períodos móviles de doce meses según los datos provisionales del CDC:
| Doce meses terminados en | Muertes totales | Opioides sintéticos (proxy de fentanilo) |
|---|---|---|
| Marzo 2025 | 77.063 | 44.642 |
| Diciembre 2025 | 70.637 | — |
| Marzo 2026 | 66.712 | 35.423 |
Las sobredosis totales cayeron 13,4% en un año. Las asociadas a opioides sintéticos, un 20,6%.
Es una de las mejores noticias de salud pública del hemisferio y merece decirse así, con la advertencia metodológica que el propio CDC impone: son conteos provisionales, marcados como subregistrados por datos incompletos, y no comparables con cifras finales. La dirección es clara; la magnitud exacta, no.
Ahora júntense los tres hechos. La superficie cultivada en Colombia sube. Ecuador incautó 214,5 toneladas en 2025 y 294,6 en 2024, cifras que lo ponen entre los tres mayores del mundo. Y el consumo letal en el principal mercado histórico cae más de un 13%.
Si se produce lo mismo o más, se sigue incautando en esa magnitud y muere menos gente en Estados Unidos, entonces es plausible que una parte del producto esté yendo a otra parte. Los puertos que el Igarapé identifica —Amberes, Rotterdam, Hamburgo, los del norte de Europa— y el centro de inteligencia que la Unión Europea instaló en Guayaquil apuntan todos en la misma dirección.
Aquí este medio debe declarar un límite, porque es grande: no pudimos verificar cifras de incautaciones en puertos europeos, ni datos de consumo global de cocaína, ni precios por kilo en origen y destino, ni una estimación seria del valor del mercado. Sin esas cifras, lo anterior es una inferencia razonable a partir de tres series verificadas, y no un hallazgo. Lo presentamos como lo que es.
V. La discusión que la evidencia permite
Hay una conclusión que sí se sostiene con lo verificado, y es incómoda para las dos posiciones habituales.
Contra los partidarios de la erradicación: en el único año en que ambas series se pueden observar juntas, Colombia redujo su erradicación manual forzosa un 54% y su superficie cultivada subió 3,5%; Perú, con otra política, lleva tres años consecutivos de caída. Es un dato, no una demostración —la erradicación actúa con rezago, el precio también se movió y no controlamos por conflicto armado ni por sustitución voluntaria—. Pero es un dato que la política antidrogas de la región debería tener que explicar, y no lo explica.
Contra los partidarios de la legalización como solución regional: la caída de sobredosis en Estados Unidos ocurrió sin ninguna legalización de cocaína en ninguna parte, y el mercado no desapareció: se movió. Legalizar el consumo en un país receptor no elimina la renta criminal en los países productores mientras exista un mercado ilegal en otro lado. Y la diversificación documentada del PCC —combustible, oro, extorsión, puertos— sugiere que estas organizaciones ya no dependen de la renta de la cocaína lo suficiente como para desaparecer si esa renta cae.
Lo que sí se sostiene es más modesto y menos épico: el negocio está en el puerto, en el sistema financiero y en la aduana, no en el cultivo. Y la política pública latinoamericana sigue asignando la mayor parte de sus recursos a la parte del negocio que menos vale.
Colombia tiene 261.000 hectáreas sembradas y ya no sabe cuántas toneladas salen de ellas. Es una buena metáfora del estado de la conversación.
El Ágora
Réplicas
No es un muro. Una tesis, corta, sobre esta pieza. Grok puede afinarla al estándar de la casa antes de publicarla.
Politarca es un medio liberal de centroderecha que reporta el poder en América Latina. Conflictos de interés: la dirección declara no tener relación comercial con las instituciones cubiertas en esta pieza.
Cita: Corresponsalía Politarca (2026). “El país que produce más cocaína del mundo dejó de medir cuánta produce”. Politarca. Colombia.




