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América Latina · El Archivo

Doce años y cuatro meses

Es lo que dura, en promedio, una constitución latinoamericana. En Europa occidental duran treinta y dos. Cinco países de la región intentaron refundarse en tres décadas; conviene ver qué quedó.

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Texto constitucional. El Archivo: el único proceso que duró fue el que nadie controló.
Libros de derecho. Trato a tinta: Politarca. América Latina · Biblioteca · 11 min

Zachary Elkins, Tom Ginsburg y James Melton reunieron todas las constituciones nacionales escritas desde 1789 y midieron cuánto vivieron. El resultado general es más desalentador de lo que uno esperaría: la vida media de una constitución en el mundo es de diecisiete años. La mediana es de ocho. La duración más frecuente es de un año.

Solo el 19% sigue vigente a los cincuenta años. Cerca del 7% no llega a su segundo cumpleaños.

Y luego está el desglose regional, que es el que nos ocupa:

RegiónVida media de una constitución
Europa occidental32 años
Países de la OCDE32 años
Asia19 años
América Latina12,4 años
África10,2 años

El 15% de las constituciones latinoamericanas y africanas muere en su primer año.

Hay además una tendencia temporal que rara vez se menciona: hasta la Primera Guerra Mundial, una constitución duraba en promedio veintiún años. Desde entonces, doce.

La República Dominicana ha tenido treinta y nueve constituciones desde su independencia en 1844, más que ningún otro país del mundo —aunque su propia historiografía advierte que la cifra engaña, porque el país promulga un texto entero cada vez que se ratifica una enmienda—. Venezuela promulgó en 1999 su vigesimosexta.

Sobre ese fondo, cinco países intentaron refundarse políticamente en las últimas tres décadas. Vale la pena revisar qué pasó en cada uno, con las cifras exactas.

I. Colombia, 1991: la que duró

Empezó con un movimiento estudiantil llamado "Todavía podemos salvar a Colombia", surgido tras el asesinato de Luis Carlos Galán. En las legislativas de marzo de 1990 se depositó un voto extraoficial adicional —la séptima papeleta— pidiendo una asamblea constituyente. La Corte Suprema de Justicia validó más de dos millones de esos votos, argumentando que no cabía limitar al poder constituyente primario. En mayo de 1990, más del 86% de los votantes aprobó convocarla.

La asamblea se eligió el 9 de diciembre de 1990. Setenta delegatarios: veinticinco liberales, diecinueve de la Alianza Democrática M-19, once del Movimiento de Salvación Nacional, nueve conservadores, dos de la Unión Cristiana, dos de la Unión Patriótica y dos indígenas. Se sumaron cuatro representantes de guerrillas desmovilizadas: dos del EPL con voz y voto, uno del PRT y uno del Quintín Lame sin voto.

Nótese la composición, porque es el hecho decisivo. Ningún bloque tenía mayoría propia. La presidencia fue compartida por tres personas de tres fuerzas distintas: Álvaro Gómez Hurtado del MSN, Antonio Navarro Wolff del M-19 y Horacio Serpa del Partido Liberal. Un conservador, un exguerrillero y un liberal presidiendo juntos.

Sesionó del 5 de febrero al 4 de julio de 1991: cinco meses.

La Constitución de 1991 sigue vigente treinta y cinco años después. Y ha sido reformada mucho: el exmagistrado Armando Novoa contabilizó cincuenta y seis reformas, "alrededor de una reforma y media cada año durante estas tres décadas", seis de ellas derivadas de los acuerdos de paz.

Es, con distancia, el proceso constituyente latinoamericano más exitoso de los últimos cincuenta años. Y su rasgo distintivo no fue el contenido sino el procedimiento: nadie pudo imponer nada.

II. Venezuela, 1999 y 2017: la que se comió a sí misma

El referéndum consultivo del 25 de abril de 1999 aprobó convocar la asamblea con el 92,4% de los votos. Pero la abstención fue del 62,35%: de once millones de inscritos, votaron poco más de cuatro.

La elección de constituyentes del 25 de julio de 1999 produjo el resultado opuesto al colombiano. El Polo Patriótico obtuvo 121 de los 128 escaños de elección directa con el 65,8% de los votos. COPEI, uno de los dos partidos que habían gobernado Venezuela durante cuarenta años, obtuvo cero. Acción Democrática, uno. La participación fue del 46,2%.

Un 65% de los votos convertido en un 95% de los escaños. Esa desproporción, producto del sistema electoral elegido, es la diferencia técnica entre Bogotá 1991 y Caracas 1999, y explica casi todo lo demás.

La Constitución se aprobó por referéndum el 15 de diciembre de 1999 con el 71,78% a favor y una abstención del 55,63%.

Dieciocho años después, el 1 de mayo de 2017, Nicolás Maduro convocó una segunda asamblea constituyente por decreto presidencial 2830, sin referéndum previo. El Tribunal Supremo de Justicia lo avaló en su sentencia 378, según la cual el referéndum consultivo previo "no era constitucionalmente necesario".

Se eligieron 545 miembros el 30 de julio de 2017. El Consejo Nacional Electoral reportó 8.089.320 votantes, un 41,53%. La oposición afirmó que votaron tres millones. Smartmatic, la empresa que proveía el sistema de votación, declaró que las cifras oficiales superaban el conteo de su propio sistema en al menos un millón de votantes.

La asamblea se atribuyó poderes plenipotenciarios por encima de los demás poderes públicos. Nunca presentó ni discutió una nueva Constitución. Diosdado Cabello la disolvió el 18 de diciembre de 2020 afirmando que había cumplido "todos sus objetivos, excepto crear una nueva Constitución".

Tres años y medio de un poder supraconstitucional que no escribió una constitución. Es la definición más limpia que existe de para qué sirve realmente una asamblea constituyente cuando quien la convoca ya tiene el poder.

III. Ecuador: dos constituciones en diez años, y un "no" en 2025

Ecuador aprobó una constitución en 1998, redactada por una asamblea de setenta miembros —Partido Social Cristiano 22, Democracia Popular 11, Izquierda Democrática 7, Pachakutik 7— que sesionó del 20 de diciembre de 1997 al 5 de junio de 1998. Entró en vigor el 10 de agosto de 1998, sin ratificación por referéndum.

Diez años después la reemplazó. La consulta del 15 de abril de 2007 aprobó convocar una nueva asamblea con el 81,72%. La elección del 30 de septiembre dio a Alianza PAIS "más del 70% de los escaños" de los 130 en juego. El texto se aprobó en Montecristi el 24 de julio de 2008 y en referéndum el 28 de septiembre con el 63,93%.

La Constitución de 2008 tiene 444 artículos, define cinco funciones del Estado —agregando la Electoral y la de Transparencia y Control Social a las tres clásicas—, consagra el sumak kawsay y reconoce a la naturaleza como sujeto de derechos.

Lo que le pasó después es el archivo dentro del archivo. En 2011 se enmendó por referéndum. En diciembre de 2015 se enmendó de nuevo para habilitar la reelección presidencial indefinida; la Corte Constitucional invalidó esas enmiendas el 1 de agosto de 2018 por vicios de procedimiento. En febrero de 2018 un referéndum eliminó la reelección indefinida y restableció sanciones por corrupción.

Y el 16 de noviembre de 2025, Ecuador votó sobre convocar una nueva asamblea constituyente. El "No" ganó con el 61,8% contra 38,2%, con una participación del 80,27% —11.186.380 votantes—. El "No" ganó en las cuatro preguntas del referéndum. El Consejo Nacional Electoral proclamó resultados definitivos el 1 de diciembre de 2025.

Un país que cambió de constitución dos veces en diez años dijo que no a hacerlo una tercera, con ocho de cada diez ciudadanos votando.

IV. Bolivia, 2006-2009: el precio del reglamento

La asamblea boliviana se eligió el 2 de julio de 2006: 255 constituyentes, de los cuales el MAS obtuvo 137. Mayoría absoluta, pero sin los dos tercios que el reglamento exigía para aprobar el texto.

Ese detalle procedimental costó tres años y tres muertos.

La asamblea se instaló en Sucre el 6 de agosto de 2006. Transcurrieron nueve meses antes de que se redactara el primer artículo. En noviembre de 2007 las sesiones se trasladaron al Liceo Militar de La Glorieta; entre el 23 y el 25 de ese mes, los enfrentamientos en torno a esas sesiones dejaron tres muertos y cerca de trescientos heridos.

El texto se aprobó finalmente en Oruro el 26 de diciembre de 2007 con 164 votos de 255.

El referéndum del 25 de enero de 2009 lo aprobó con el 61,43% y una participación del 90,26%: la mayor de la historia electoral boliviana. La Constitución define a Bolivia como Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, tiene 411 artículos, reconoce autonomías indígenas y sitúa a la justicia indígena originaria campesina en igualdad jerárquica con la ordinaria.

V. Chile, 2020-2023: el país que dijo que no dos veces

El caso chileno es el más reciente y el más instructivo, porque tiene dos finales.

Plebiscito de entrada, 25 de octubre de 2020. El "Apruebo" ganó con el 78,27%, y la opción de Convención Constitucional —enteramente electa— sobre la mixta, con el 78,99%. Participación: 50,9% del padrón, con voto voluntario.

Elección de la Convención, 15 y 16 de mayo de 2021. Ciento cincuenta y cinco miembros, con paridad de género obligatoria y diecisiete escaños reservados para diez pueblos indígenas. Vamos por Chile, la derecha, obtuvo 37 escaños con el 20,56%. Apruebo Dignidad, 28. La Lista del Pueblo, 26. La Lista del Apruebo, 25. Independientes por una Nueva Constitución, 11, más once independientes fuera de lista.

Plebiscito de salida, 4 de septiembre de 2022. El "Rechazo" ganó con el 61,86% —7.882.238 votos— contra el 38,14% del "Apruebo" —4.859.039—. Participación: 85,7%, con voto obligatorio reinstaurado.

Nótese la distancia. El mismo país que en 2020 aprobó redactar una nueva constitución con el 78% la rechazó en 2022 con el 62%. Entre una votación y otra no cambió el país: cambió quién estaba obligado a votar, y cambió el texto que había sobre la mesa.

Segundo intento. El Consejo Constitucional se eligió el 7 de mayo de 2023: cincuenta escaños más uno supranumerario de pueblos originarios. El Partido Republicano obtuvo 23 escaños; Unidad para Chile, 16; Chile Seguro, 11; Todo por Chile y el Partido de la Gente, cero cada uno. Los votos nulos y blancos sumaron el 16,98%.

Plebiscito del 17 de diciembre de 2023. El "En contra" ganó con el 55,76% —6.894.287 votos— contra el 44,24% del "A favor" —5.470.025—.

Chile rechazó, con quince meses de diferencia, dos textos constitucionales escritos por convenciones dominadas por fuerzas opuestas. El primero por la izquierda, el segundo por la derecha. Los dos por márgenes de dos dígitos.

VI. Lo que el archivo sugiere, y lo que no podemos afirmar

Aquí hay que ser honesto sobre un límite. No pudimos reunir un solo estudio empírico sobre si los procesos constituyentes resuelven las crisis políticas o las prolongan. La literatura existe —los propios Elkins, Ginsburg y Melton trabajaron sobre determinantes de durabilidad, y hay una tradición sobre reemplazo constitucional en América Latina— pero no la verificamos, y no citamos autores ni hallazgos que no hayamos comprobado.

Lo que sí permite decir el archivo, con las cifras verificadas, es un patrón.

Primero, una precisión contra la tentación de encontrar una regla: de los cinco procesos, tres textos siguen vigentes. Colombia lleva treinta y cinco años, Ecuador dieciocho y Bolivia diecisiete. Con cinco casos no hay patrón estadístico; hay una observación, y conviene enunciarla como tal.

La observación es esta. Lo que distingue al proceso colombiano no es que su texto sobreviviera, sino que nadie impugnó su legitimidad de origen. Los liberales tuvieron 25 escaños de 70; la presidencia fue compartida entre un conservador, un exguerrillero y un liberal; ninguna fuerza pudo imponer nada. Treinta y cinco años y cincuenta y seis reformas después, la Constitución de 1991 se reforma pero no se discute.

Los procesos con supermayoría produjeron textos vigentes pero permanentemente en disputa. Venezuela 1999: 95% de los escaños para una fuerza; la constitución resultante fue enmendada, interpretada y finalmente sobrepasada por una segunda asamblea que no escribió nada. Ecuador 2008: más del 70% de los escaños; el texto sigue en pie, pero fue enmendado, con enmiendas anuladas por la Corte y otras revertidas por referéndum. Chile 2021 y 2023: cada convención dominada por un lado; los dos textos rechazados antes de nacer.

Y hay un dato reciente que va contra la intuición de buena parte de la clase dirigente. Ecuador votó en noviembre de 2025 contra convocar una nueva asamblea, con el 61,8% y una participación del 80%. Chile rechazó dos textos, con quince meses de diferencia y desde orillas opuestas. En los tres casos más recientes, la ciudadanía dijo que no.

Son dos países y tres votaciones: no alcanza para afirmar que la refundación constitucional dejó de ser popular en América Latina. Alcanza para decir algo más acotado y más útil: los dos electorados de la región que vivieron un proceso constituyente en los últimos cinco años votaron contra repetirlo, uno de ellos dos veces.

Doce años y cuatro meses. Es lo que dura, en promedio, una constitución latinoamericana. La de Colombia lleva treinta y cinco, y se escribió en cinco meses por gente que no podía imponerle nada a nadie.

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