Estos son los ingresos por habitante de América Latina y el Caribe y de Asia oriental y el Pacífico, en dólares constantes de 2015, según el Banco Mundial:
| Año | América Latina | Asia oriental | Relación |
|---|---|---|---|
| 1960 | 3.336 | 1.155 | 2,89 a 1 |
| 1970 | 4.369 | 1.925 | 2,27 |
| 1980 | 6.164 | 2.583 | 2,39 |
| 1990 | 5.780 | 3.746 | 1,54 |
| 2000 | 6.742 | 5.078 | 1,33 |
| 2010 | 8.060 | 7.877 | 1,02 |
| 2020 | 7.813 | 11.314 | 0,69 |
| 2024 | 8.872 | 13.295 | 0,67 |
En 1960 América Latina era casi tres veces más rica que Asia oriental. En 2010 se igualaron. En 2024, un latinoamericano promedio produce dos tercios de lo que produce un asiático oriental.
En sesenta y cuatro años, el ingreso per cápita latinoamericano se multiplicó por 2,7. El asiático, por 11,5.
Ese es el hecho central de la economía política latinoamericana contemporánea, y es notable la poca frecuencia con que aparece en el debate público de la región. Se discuten gobiernos, ciclos, modelos y presidentes. La línea de fondo lleva seis décadas apuntando en la misma dirección, con independencia de quién gobierne.
I. No es la inversión. Es lo que se hace con ella
La explicación intuitiva es que América Latina invierte poco. Es cierta y es insuficiente.
Formación bruta de capital como porcentaje del PIB en 2024: América Latina 19,1%; Asia oriental y el Pacífico 34,8%; China 40,5%; Corea del Sur 30,0%. Ahorro bruto: América Latina 16,8%; Asia oriental 37,0%.
La brecha es de 15,7 puntos del PIB en inversión y 20,2 puntos en ahorro. Enorme. Pero el diagnóstico del BID en su trabajo de referencia sobre el tema es más incómodo: el rezago latinoamericano se explica principalmente por el bajo crecimiento de la productividad, no por la insuficiencia de inversión en capital.
La diferencia importa políticamente. Si el problema fuera solo inversión, la solución sería atraer capital: incentivos, estabilidad, apertura. Si el problema es productividad, el capital que llegue rendirá lo mismo que el que ya está, y el resultado será un país con más máquinas y la misma renta.
El Fondo Monetario documenta la trayectoria: la productividad total de factores de la región respecto de Estados Unidos alcanzó su máximo a fines de los años setenta, antes de la crisis de la deuda, y ha descendido de forma sostenida desde entonces. Entre 1990 y 2019, mientras los emergentes de Asia y de Europa convergían hacia la productividad estadounidense, la de América Latina se deterioró en términos relativos.
El dato más brutal es del informe del BID publicado el 3 de agosto de 2026: la productividad laboral de América Latina equivale al 26% de la estadounidense. Se necesitan casi cuatro trabajadores latinoamericanos para producir lo que produce uno en Estados Unidos.
Y su consecuencia sobre las personas: el ingreso real de los trabajadores latinoamericanos creció 18% en treinta años, aproximadamente la mitad de lo que creció en los países de la OCDE.
Treinta años. Dieciocho por ciento. Eso es todo lo que una generación entera de latinoamericanos ganó en poder adquisitivo.
II. La trampa, y quiénes escapan de ella
El Banco Mundial dedicó su Informe sobre el Desarrollo Mundial de 2024 al problema, y el marco que ofrece es útil.
Ciento ocho países estaban clasificados como de ingreso medio a fines de 2023: seis mil millones de personas, el 75% de la población mundial. El punto típico de estancamiento aparece alrededor del 10% del PIB per cápita anual de Estados Unidos, unos ocho mil dólares a valores actuales.
Desde 1990, solo treinta y cuatro economías de ingreso medio lograron pasar a ingreso alto. Y más de un tercio de ellas lo hizo gracias a la integración a la Unión Europea o a descubrimientos previos de petróleo.
Es decir: excluidos los que entraron a Europa y los que encontraron hidrocarburos, en treinta y cinco años poco más de veinte países del mundo salieron de la trampa por sus propios medios.
América Latina lleva medio siglo en el rango. Y su desempeño reciente no sugiere movimiento: la década 2015-2024 cerró con un crecimiento promedio anual del 0,9%, lo que CEPAL llama la "segunda década perdida". La primera, la de los años ochenta, creció al 2% anual. La década perdida de los ochenta creció más del doble que la de 2015-2024.
El empleo cuenta la misma historia: creció 1,3% anual entre 2014 y 2023, frente al 3,9% anual de los años setenta.
III. Los tres motores que no están
Hay tres insumos que la literatura identifica como determinantes de la productividad, y en los tres América Latina está en el lugar equivocado.
Investigación y desarrollo. El gasto en I+D como porcentaje del PIB, dato de 2023: Israel 6,35%; Corea del Sur 4,94%; promedio OCDE 2,93%; China 2,58%; Brasil 1,19%; Uruguay 0,70%; América Latina y el Caribe 0,68%.
La región invierte en investigación menos de una cuarta parte de lo que invierte la OCDE y menos de una séptima parte de lo que invierte Corea del Sur. Brasil, que es el mejor de la región, gasta menos de la mitad del promedio OCDE.
Capital humano. Los resultados de PISA 2022 —la última aplicación publicada— sitúan al mejor país latinoamericano, Chile, en 412 puntos en matemáticas frente a 472 del promedio OCDE: sesenta puntos de brecha. Detrás: Uruguay 409, México 395, Perú 391, Costa Rica 385, Colombia 383, Brasil 379, Argentina 378.
Escala empresarial. Aquí conectamos con un hallazgo ya publicado en estas páginas: el 47,4% de los trabajadores latinoamericanos es informal, y las firmas informales producen alrededor del 20% del valor agregado por empleado de las formales. El BID añade el dato de estructura: el 46% de los trabajadores latinoamericanos eran autónomos o empleados de microempresas en 2024.
Casi la mitad de la fuerza laboral de la región trabaja en unidades demasiado pequeñas para especializarse, para invertir en tecnología o para exportar. No es un problema de esfuerzo. Es un problema de escala.
IV. Por qué el ciclo político no lo resuelve
Aquí está la parte que incomoda a la posición desde la que escribimos.
La derecha latinoamericana llegó al poder con un diagnóstico razonable —Estado sobredimensionado, impuestos mal diseñados, regulación asfixiante— y un instrumento: el ajuste. El ajuste puede estabilizar una economía, y en varios países de la región hacía falta. Lo que no hace es aumentar la productividad.
Estabilizar es condición necesaria y no es suficiente. Un país con inflación baja, cuentas ordenadas y la misma productividad laboral del 26% de la estadounidense sigue creciendo al 1% anual, solo que sin sobresaltos.
Los tres insumos que sí mueven la productividad —investigación, educación, escala empresarial— comparten una propiedad que los hace políticamente inviables en América Latina: maduran en quince o veinte años. Ningún ciclo electoral latinoamericano dura tanto, y ningún gobierno cosecha lo que siembra en ellos.
De ahí que la región lleve seis décadas divergiendo con independencia del signo del gobierno. No es que las políticas hayan sido malas: es que ninguna se sostuvo el tiempo suficiente para importar.
Corea del Sur, que en 1960 tenía un tercio del ingreso per cápita latinoamericano, gasta hoy el 4,94% de su PIB en investigación. No llegó ahí en un período presidencial ni cambiando de modelo cada elección. Llegó haciendo lo mismo durante cuarenta años.
V. La única salida que se ve
No hay atajo, y conviene decirlo en vez de vender uno.
Pero hay una asimetría que juega a favor de la región y que casi nadie explota. Los tres insumos que faltan son acumulativos y de bajo costo político si se blindan institucionalmente. Un fondo de investigación con financiamiento plurianual protegido del ciclo presupuestario. Un sistema de evaluación educativa que ningún gobierno pueda apagar cuando los resultados le incomoden. Un régimen de escala empresarial que no castigue crecer —porque hoy lo castiga: en casi todos los países de la región, pasar de micro a pequeña empresa multiplica la carga tributaria y regulatoria de golpe—.
Ninguna de las tres requiere gastar mucho. Las tres requieren que el gobierno siguiente no las desarme.
Ese es, en el fondo, el problema latinoamericano de la productividad, y es el mismo del que hablan casi todas las notas de esta serie: no es un problema de qué hacer. Es un problema de cómo hacer que dure.
América Latina fue, en 1960, casi tres veces más rica que Asia oriental. Hoy produce dos tercios de lo que produce ella. Nada de lo que pasó en ese medio siglo fue inevitable. Todo fue, cada vez, la decisión razonable de un gobierno con horizonte de cuatro años.
El Ágora
Réplicas
No es un muro. Una tesis, corta, sobre esta pieza. Grok puede afinarla al estándar de la casa antes de publicarla.
Politarca es un medio liberal de centroderecha que reporta el poder en América Latina. Conflictos de interés: la dirección declara no tener relación comercial con las instituciones cubiertas en esta pieza.
Cita: El Erario (2026). “El año en que Asia nos pasó”. Politarca. América Latina.




