Lunes, 24 de agosto de 2026

Guatemala · Vida común

La iglesia que sí llega

En la Ciudad de Guatemala hay unos doscientos centros pentecostales de rehabilitación de adicciones, con seis mil internos. La cárcel de máxima seguridad del país tiene mil quinientos. Ninguna política pública explica eso; ninguna política pública lo mira.

Estantería de una sala común. Vida común: la iglesia evangélica que llega donde el Estado no.
Iglesia Pentecostal Dios es Amor, São Paulo. Wikimedia Commons. Trato a tinta: Politarca. Guatemala · Vida común · 9 min

Un adicto guatemalteco que necesite tratamiento tiene, en la práctica, dos opciones: el sistema público de salud mental, o una casa pentecostal de rehabilitación. El antropólogo Kevin Lewis O'Neill contó, en un trabajo publicado en 2020, alrededor de doscientos de estos centros en la Ciudad de Guatemala y sus alrededores, con unas seis mil personas internadas. Son instituciones exclusivamente masculinas, de reclusión informal, sostenidas económicamente por madres, hermanas y esposas que además aportan trabajo voluntario, a menudo mientras sus familiares están internados contra su voluntad.

O'Neill hace la comparación que corresponde: seis mil internos en centros religiosos informales, frente a mil quinientos en la cárcel de máxima seguridad del país. La proliferación, escribe, refleja la inadecuación de la infraestructura formal de tratamiento.

Es decir: en Guatemala, la principal institución de internamiento de personas con adicciones no es del Estado. Es evangélica, no está regulada, y nadie la diseñó.

Ese hecho —repetido con variantes en media región— es el asunto de esta nota. Pero antes hay que desmontar la historia que se cuenta habitualmente sobre él, porque los datos recientes no la sostienen.

I. El avance evangélico no está pasando donde creemos

La narrativa dominante dice que América Latina se está volviendo evangélica. Los datos de 2024 y 2025 dicen algo más específico y más interesante.

Pew Research Center comparó, en un estudio publicado en enero de 2026, la composición religiosa de seis países latinoamericanos con la que había medido diez años antes. Los resultados:

PaísCatólicosProtestantesSin religión
Brasil61% → 46%26% → 29%8% → 15%
Chile64% → 46%17% → 19%16% → 33%
Argentina71% → 58%15% → 16%11% → 24%
Colombia79% → 60%13% → 15%6% → 23%
México81% → 67%9% → 9%7% → 20%
Perú76% → 67%17% → 18%4% → 12%

La conclusión textual de Pew es que "el protestantismo se ha mantenido relativamente estable en la región". En una década, el crecimiento evangélico en estos seis países va de cero a tres puntos porcentuales. Lo que se derrumba es el catolicismo, con caídas de nueve a diecinueve puntos. Y lo que explota son los "sin religión": entre siete y diecisiete puntos.

En Argentina, Chile, Colombia y México ya hay más adultos sin afiliación religiosa que protestantes. La proporción de protestantes que se identifican como pentecostales ha caído en la última década. Y no hay diferencias significativas por edad ni por género en la identificación protestante: la imagen del joven evangélico en ascenso no aparece en los datos.

Donde el crecimiento sí es real es en dos lugares. Centroamérica, donde el colapso católico fue temprano y masivo —Honduras pasó del 94% católico en 1970 al 46% en 2014; Guatemala, del 91% al 50%; El Salvador, del 93% al 50%— y donde Latinobarómetro registra hoy 43% de evangélicos en Honduras, 40% en Guatemala, 35% en El Salvador. Y Brasil, donde el censo del IBGE de 2022 midió 26,9% de evangélicos frente a 21,7% en 2010: cinco puntos y dos décimas de crecimiento en doce años, mientras los católicos caían casi ocho puntos hasta el 56,7%.

La historia correcta no es "América Latina se vuelve evangélica". Es: Centroamérica y Brasil se volvieron evangélicos; el resto de Sudamérica se está secularizando; y en ambos casos el que pierde es el mismo.

II. Quiénes son

El perfil socioeconómico es el dato que conecta todo lo demás.

En Chile, según la Encuesta Bicentenario UC, los evangélicos son el 25% del estrato bajo, el 14% de la clase media y el 6% de la clase alta. Es una estratificación de clase casi perfecta.

En Brasil, el censo de 2022 muestra que seis de cada diez evangélicos se declaran pardos o negros —49,1% y 12% respectivamente—, mientras que entre los católicos el grupo más numeroso es el de quienes se declaran blancos, con 45,9%. Los evangélicos están sobrerrepresentados en el Norte (36,8% de la población) y el Centro-Oeste (31,4%), y son mayoría absoluta en varios municipios. El evangelismo brasileño es demográficamente más negro y más pardo que el catolicismo.

Pew encuentra además que en Argentina, Chile y Perú, a mayor nivel educativo, menor probabilidad de identificarse como protestante: en Argentina, 12% entre los de más educación contra 20% entre los de menos.

Es, en términos sociológicos, la iglesia de la periferia urbana pobre y no blanca. Exactamente la población a la que el Estado latinoamericano llega peor.

III. Por qué crece: lo que dicen los propios conversos

Aquí hay que resistir la tentación de la explicación fácil, porque los datos la desmienten.

En su gran encuesta regional de 2014 —la última que cubrió toda América Latina, y no solo los seis países del estudio de 2026—, Pew preguntó a los ex católicos por qué se cambiaron. Las razones más citadas fueron espirituales y comunitarias: "buscaba una conexión personal con Dios" (entre 67% y 93% según el país), "disfrutaba el estilo de culto" (55% a 80%), "quería mayor énfasis en la moralidad" (36% a 81%). Y una que interesa especialmente: "encontré una iglesia que ayuda más a sus miembros", entre 41% y 68% —68% en Honduras, 67% en Nicaragua, 66% en Guatemala—.

En cambio, "mejor futuro financiero" fue señalado por entre el 4% y el 23%. Pew concluye que "relativamente pocos ex católicos dicen que crisis o circunstancias de vida fueron razones importantes".

La lectura honesta, entonces, no es que la iglesia evangélica sustituye al Estado como proveedor de servicios. Es más sutil: sustituye al Estado como proveedor de pertenencia. La red de contención comunitaria pesa mucho; el cálculo material, poco.

Y hay un dato de la misma encuesta de 2014 que muestra que esa pertenencia se paga: qué proporción de fieles entrega un porcentaje fijo de su ingreso a su iglesia.

PaísProtestantesCatólicos
Perú66%12%
Bolivia74%35%
Venezuela71%18%
Brasil70%39%
Colombia69%39%
Argentina49%15%

En todos los países medidos, la brecha supera los veinte puntos.

Póngase ese dato junto al de la nota anterior de esta serie. CEPAL documenta que en la mayoría de los países latinoamericanos "el 80% de ingresos inferiores no aporta a la recaudación" del impuesto a la renta, o lo hace en una fracción muy pequeña. Es decir: la misma población a la que el impuesto a la renta apenas alcanza —y que, como mostramos en la nota anterior de esta serie, sí paga cada vez que compra— está cotizando además voluntariamente, sin coerción y con altísima adhesión, a una institución paralela que le devuelve servicios que el Estado no le da.

Dos tercios de los evangélicos peruanos diezman. El Estado peruano recauda el 16,3% del PIB, una de las presiones tributarias más bajas de la región.

No es un argumento contra los impuestos. Es un dato sobre la disposición a contribuir cuando el contribuyente ve el retorno.

IV. El lado que la nota no puede omitir

Sería una nota deshonesta si terminara en la contención comunitaria.

En diciembre de 2025, la BBC documentó la consolidación del llamado Complexo de Israel, cinco comunidades de la Zona Norte de Río de Janeiro constituidas como territorio unificado en 2020 y marcadas por una Estrella de David de neón que la policía destruyó el 11 de marzo de 2025. Según esa investigación y las causas abiertas en su contra, lo lidera Álvaro Malaquias Santa Rosa, "Peixão", del Terceiro Comando Puro. La investigadora Christina Vital da Cunha, de la Universidad Federal Fluminense, ha documentado cómo la iconografía neopentecostal desplazó a la simbología afrobrasileña en los murales de esas comunidades. Kristina Hinz, de la UERJ, identifica tres rasgos del TCP: menor conflicto con la policía, alianza con el Primeiro Comando da Capital y proximidad con las milicias.

En Ceará, al menos cuatro terreiros de umbanda fueron cerrados en Maracanaú bajo presión del mismo grupo. Y un dato que ordena la escena: el 43,2% de los cerca de veinte mil presos de Ceará se declara evangélico.

En Guatemala, una red religiosa rehabilita adictos donde el sistema de salud no llega; en Río, otra red religiosa expulsa cultos afrobrasileños donde la policía no llega. No son la misma institución ni el mismo país. Son dos expresiones de la misma condición de fondo —capacidad organizativa real operando donde el Estado no está— y su signo depende enteramente de quién la conduzca.

V. Lo que la derecha no ha preguntado

La derecha latinoamericana descubrió al electorado evangélico y lo cortejó con eficacia. En Brasil, los evangélicos votaron a Bolsonaro 59% contra 26% en la segunda vuelta de 2018, según Datafolha, mientras los católicos empataban 44-43. En 2022 ese respaldo bajó a un rango de 48% a 53% según la encuestadora, y los católicos se movieron hacia Lula. En Costa Rica, Fabricio Alvarado —cantante de música cristiana— ganó la primera vuelta de 2018 con el 24,99% tras la opinión consultiva de la Corte Interamericana sobre matrimonio igualitario, y llegó al 39,21% en el balotaje. En Guatemala, Jimmy Morales ganó en 2015 con el 67,4%. En Chile, según el análisis de Isabel Castillo y Abraham Paulsen sobre la Encuesta Bicentenario UC, José Antonio Kast obtuvo cerca de un tercio del voto evangélico en la primera vuelta de 2021, muy por encima de su promedio nacional.

Hay un dato que conviene tener a mano contra la narrativa de crecimiento imparable: según el criterio estricto del DIAP, la bancada evangélica en la Cámara de Diputados brasileña bajó de 92 a 85 escaños en 2022. La cifra de 228 parlamentarios que suele citarse corresponde a la Frente Parlamentar Evangélica, un frente de inscripción voluntaria que incluye firmantes que no son evangélicos practicantes. Son universos distintos y la diferencia importa.

Lo que ninguna de esas campañas hizo fue la pregunta obvia: ¿por qué estas instituciones funcionan?

Porque hay ahí una lección de diseño institucional que un liberal debería encontrar fascinante. Estas iglesias son organizaciones descentralizadas, financiadas voluntariamente por sus usuarios, con presencia física en los barrios donde nadie más tiene una oficina abierta un martes por la noche, con costos operativos bajísimos, que resuelven simultáneamente identidad, red de contactos, contención de adicciones, cuidado de niños y sentido. Ninguna agencia estatal latinoamericana logra tres de esas cosas a la vez.

Un gobierno que quisiera aprender algo de eso no las cortejaría electoralmente. Estudiaría su modelo de gestión, regularía sus centros de rehabilitación —donde hoy se interna a personas sin ninguna garantía—, y se preguntaría por qué una institución sin poder coercitivo cobra voluntariamente a gente que a su propio fisco se le escapa.

Es una pregunta menos rentable que un acto de campaña. También es la única interesante.

Politarca es un medio liberal de centroderecha que reporta el poder en América Latina. Conflictos de interés: la dirección declara no tener relación comercial con las instituciones cubiertas en esta pieza.
Cita: Crónica Politarca (2026). “La iglesia que sí llega”. Politarca. Guatemala.

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