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América Latina · Vida común

Ocho de cada diez

Esa es la proporción de niños latinoamericanos de diez años que no puede leer y comprender un texto simple. Antes de la pandemia eran cinco de cada diez.

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Aula vacía. Vida común: la pobreza de aprendizaje que la pandemia no inventó.
Aula. Wikimedia Commons. Trato a tinta: Politarca. América Latina · Vida común · 8 min

El Banco Mundial mide algo que llama pobreza de aprendizaje: el porcentaje de niños de diez años incapaces de leer y entender un texto breve y apropiado para su edad. No mide si van a la escuela. Mide si aprendieron a leer.

En América Latina y el Caribe, ese indicador era del 50,8% en 2015 y del 52,3% en 2019. Ya era malo: uno de cada dos niños de diez años no comprendía lo que leía.

En la actualización de 2022, hecha junto a UNESCO y UNICEF, la cifra regional fue del 80%.

Cuatro de cada cinco. La cifra global pasó del 57% al 70% en el mismo período; el sur de Asia está en 78% y África subsahariana en 89%. América Latina, con un ingreso per cápita varias veces superior al de esas dos regiones, está más cerca de ellas que de la OCDE.

La estimación de pérdida de ingresos de por vida para la generación afectada, a nivel global, es de veintiún billones de dólares: el 17% del PIB mundial.

I. El punto de partida ya era el problema

Conviene resistir la tentación de atribuirlo todo a la pandemia, porque el nivel previo era el que hacía posible el desplome.

Los resultados de PISA 2022 —la última aplicación publicada, difundida el 5 de diciembre de 2023— sitúan a los países latinoamericanos así, en matemáticas:

PaísMatemáticasLecturaCiencias
Promedio OCDE472476485
Chile412448444
Uruguay409430435
México395415410
Perú391408408
Costa Rica385415411
Colombia383409411
Brasil379410403
Argentina378401406
Panamá357392388
Guatemala344374373
El Salvador343365373
Rep. Dominicana339351360
Paraguay338373368

El mejor país de América Latina está sesenta puntos por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas. En la escala de PISA, esa distancia equivale aproximadamente a varios años de escolaridad. Y ese mejor país, Chile, es también el que más gasta en educación privada de la región.

Un lector atento notará una advertencia necesaria: la tabla de resultados de PISA que circula en algunas fuentes de consulta rápida asigna a Chile 453 en matemáticas. Esa cifra es incorrecta. Los valores publicados aquí son los de la OCDE.

II. La otra mitad: los que ni siquiera están

El indicador de aprendizaje mide a los que están en el aula. El otro problema es cuántos se van.

Tasas de finalización de secundaria baja, dato más reciente por país:

País%Año
Argentina95,02023
Ecuador90,52023
Bolivia88,52024
México86,62024
Colombia83,02022
Uruguay77,92023
Paraguay75,52024
El Salvador72,72024
Costa Rica61,42024
Guatemala49,32024
Honduras36,62024

Honduras: poco más de un tercio de sus adolescentes completa la secundaria baja. Guatemala, menos de la mitad. El dato de Costa Rica —61,4%— contrasta tanto con su desempeño en otros indicadores sociales que conviene contrastarlo con el ministerio antes de darlo por bueno.

Y luego están los que quedan fuera de todo. La proporción de jóvenes de quince a veinticuatro años que no estudia ni trabaja:

PaísTotalMujeresHombresBrecha
Honduras (2025)29,041,315,8+25,5
Guatemala (2024)24,035,89,2+26,6
Rep. Dominicana (2025)24,729,519,9+9,6
Perú (2022)22,825,819,9+5,9
Colombia (2025)22,029,115,0+14,1
Brasil (2025)18,722,914,6+8,3
México (2025)16,223,68,7+14,9
Argentina (2025)15,217,413,2+4,2
Chile (2025)13,414,412,5+1,9

La brecha de género es sistemática: en todos los países medidos, sin excepción, la proporción de mujeres jóvenes fuera del estudio y del trabajo supera a la de hombres. En Guatemala la diferencia es de 26,6 puntos; en Honduras, 25,5.

En Guatemala, una de cada tres mujeres jóvenes no estudia ni trabaja, contra uno de cada once hombres. La explicación es conocida y no está en las estadísticas educativas: es trabajo de cuidado no remunerado. Pero eso también significa que la política que más aumentaría la matrícula y el empleo femenino joven en Centroamérica no es educativa. Es de guarderías.

III. El dinero no es la variable

Aquí es donde el análisis suele equivocarse, en las dos direcciones.

Gasto público en educación como porcentaje del PIB, dato reciente: Bolivia 7,5%; Brasil 5,6%; Colombia 5,3%; Costa Rica 5,3%; promedio OCDE 5,1%; Argentina 5,0%; Chile 4,9%; Uruguay 4,8%; Perú 4,4%; México 4,1%; promedio de América Latina 3,8%; Guatemala 3,1%; Panamá 2,5%.

Bolivia, Brasil, Colombia y Costa Rica gastan en educación más que el promedio de la OCDE medido contra el tamaño de su economía. De los que rinden PISA —Bolivia no participa—, sus resultados en matemáticas están entre ochenta y noventa y tres puntos por debajo del promedio de la OCDE.

Medido por alumno, el cuadro cambia y explica por qué: el gasto por estudiante de primaria en América Latina equivalía al 15,2% del PIB per cápita, frente al 20,3% en la OCDE. Como el PIB per cápita regional es una fracción del de la OCDE, el gasto absoluto por alumno es varias veces menor.

Es decir: cuatro países de la región hacen un esfuerzo fiscal mayor que el de la OCDE y compran mucho menos educación con él, porque son más pobres y porque tienen más niños por adulto que paga impuestos. El promedio regional, 3,8% del PIB, está un cuarto por debajo del de la OCDE.

Lo cual lleva a la observación más importante de esta nota, y conecta con la anterior de esta serie. Argentina perdió el 47% de sus nacimientos en diez años. Dentro de una década tendrá aproximadamente la mitad de los alumnos de primaria que tuvo. Si se mantiene el presupuesto, el gasto por alumno se duplica sin agregar un peso —siempre que la decisión sea conservarlo y redirigir el ahorro de escala a calidad, y no recortarlo proporcionalmente, que es la respuesta previsible—. El caso chileno es distinto: su caída de nacimientos se repartió a lo largo de treinta y dos años y su matrícula de primaria ya absorbió la mayor parte del descenso.

Es la única ventana de mejora educativa gratuita que América Latina va a tener en un siglo, y se abre en aproximadamente diez años. Ningún ministerio de educación de la región está planificando para ella. La respuesta previsible, cuando llegue el momento, será cerrar escuelas y recortar presupuesto proporcionalmente, que es la decisión aritméticamente neutra y educativamente peor.

IV. Lo que no sabemos, y es mucho

Este medio tiene que declarar aquí un conjunto de vacíos que son grandes y que dicen algo por sí mismos.

No pudimos verificar cuántos años de aprendizaje perdió la región por la pandemia, ni si se han recuperado. El informe conjunto del Banco Mundial, UNICEF y UNESCO existe —se llama Dos años después: salvando a una generación, es de junio de 2022 y se describe como la primera evaluación basada en evidencia de la catástrofe educativa latinoamericana— pero sus cifras están en un documento cuyo contenido no pudimos extraer.

No pudimos verificar el porcentaje de estudiantes latinoamericanos que no alcanza el nivel básico de competencia en PISA. La OCDE bloqueó el acceso automatizado a sus notas por país.

No pudimos confirmar la fecha de publicación de PISA 2025. El ciclo trienal sugeriría diciembre de 2026, pero eso es inferencia, no dato.

No pudimos documentar el caso de Sobral, en el estado brasileño de Ceará, que es el ejemplo más citado de mejora educativa medible en América Latina y el que cualquier discusión seria sobre política educativa regional debería incluir. No tenemos evidencia verificable sobre qué hizo ni sobre cuánto mejoró, y por eso no lo describimos.

Que el caso de éxito educativo más importante de la región sea difícil de documentar con fuentes primarias accesibles es, en sí mismo, parte del problema. Lo que no se documenta no se replica.

V. La conexión que nadie hace

Hay una última cosa, y es la que ata esta nota con casi todas las de esta serie.

La informalidad laboral latinoamericana ronda el 47%. El trabajo más completo sobre sus causas —el de La Porta y Shleifer— encontró que el 7% de los gerentes de firmas informales tiene título universitario, contra el 76% en las formales, y concluyó que esas firmas "son demasiado ineficientes para sobrevivir en el sector formal".

La productividad laboral de la región equivale al 26% de la estadounidense.

El gasto en investigación y desarrollo es del 0,68% del PIB, contra el 2,93% de la OCDE.

Y ocho de cada diez niños de diez años no comprenden lo que leen.

Los cuatro datos describen el mismo problema en cuatro momentos de una vida, y la hipótesis de que están encadenados es plausible —aunque no la hemos visto medida para la región—. Un niño que a los diez años no comprende un texto es menos probable que llegue a la universidad, que dirija una empresa formal, que investigue o que exporte. Si la cadena existe, la informalidad de 2045 se está decidiendo hoy en un aula de tercero básico.

Ninguna reforma tributaria, ninguna ley de empleo y ningún régimen de incentivos a la inversión toca eso. Y todos maduran antes que la única política que sí lo tocaría, que es la razón por la que ningún gobierno de la región la prioriza.

América Latina lleva treinta años discutiendo cómo crecer. La respuesta lleva el mismo tiempo sentada en una sala de clases, sin entender el enunciado.

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No es un muro. Una tesis, corta, sobre esta pieza. Grok puede afinarla al estándar de la casa antes de publicarla.

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    Politarca es un medio liberal de centroderecha que reporta el poder en América Latina. Conflictos de interés: la dirección declara no tener relación comercial con las instituciones cubiertas en esta pieza.
    Cita: Crónica Politarca (2026). “Ocho de cada diez”. Politarca. América Latina.

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